miércoles, 28 de septiembre de 2011

martes, 27 de septiembre de 2011

domingo, 25 de septiembre de 2011

Homilía de la Vigilia con los jóvenes en la Feria de Friburgo



Queridos jóvenes amigos:

He pensado con gozo todo el día en esta noche, en la que estaría aquí con vosotros, unidos en la oración. Algunos habéis participado tal vez en la Jornada Mundial de la Juventud, donde experimentamos esa atmósfera especial de tranquilidad, de profunda comunión y de alegría interior que caracteriza una vigilia nocturna de oración. Espero que también nosotros podamos tener esa misma experiencia en este momento: que el Señor nos toque y nos haga testigos gozosos, que oran juntos y se hacen responsables los unos de los otros, no solamente esta noche, sino también durante toda la vida.

En todas las iglesias, en las catedrales y conventos, en cualquier lugar donde se reúnen los fieles para celebrar la Vigilia pascual, la más santa de todas las noches, ésta se inaugura encendiendo el cirio pascual, cuya luz se trasmite a todos los participantes. Una pequeña llama irradia en muchas luces e ilumina la casa de Dios en tinieblas. En este maravilloso rito litúrgico, que hemos imitado en está vigilia de oración, se nos revela mediante signos más elocuentes que las palabras el misterio de nuestra fe cristiana. Jesús, que dice de sí mismo: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 8, 12), hace brillar nuestra vida, para que se cumpla lo que acabamos de escuchar en el Evangelio: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 14).

No son nuestros esfuerzos humanos o el progreso técnico de nuestro tiempo los que aportan luz al mundo. Una y otra vez, debemos experimentar que nuestro esfuerzo por un orden mejor y más justo tiene sus límites. El sufrimiento de los inocentes y, más aún, la muerte de cualquier hombre, producen una oscuridad impenetrable que, quizás, con nuevas experiencias, se esclarece de momento, como un rayo en la noche. Pero, al final, queda una oscuridad angustiosa.

Puede haber en nuestro entorno tiniebla y oscuridad y, sin embargo, vemos una luz: una pequeña llama, minúscula, que es más fuerte de la oscuridad, en apariencia poderosa e insuperable. Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte, vive, y la fe en Él, como una pequeña luz, penetra todo lo que es oscuridad y zozobra.

Ciertamente, quien cree en Jesús no siempre ve solamente el sol en la vida, casi como si pudiera ahorrarse sufrimientos y dificultades; ahora bien, tiene siempre una luz clara que le muestra el camino hacia la vida en abundancia (cf. Jn 10, 10). Los ojos de los que creen en Cristo vislumbran aun en la noche más oscura una luz, y ven ya la claridad de un nuevo día.

La luz no se queda sola. A su alrededor se encienden otras luces. Bajo sus rayos se delinean los contornos del ambiente, de forma que podemos orientarnos. No vivimos solos en el mundo. Precisamente en las cosas importantes de la vida tenemos necesidad de otras personas. Así, en particular, no estamos solos en la fe, somos eslabones de la gran cadena de los creyentes.

Ninguno llega a creer si no está sostenido por la fe de los otros y, por otra parte, con mi fe, contribuyo a confirmar a los demás en la suya. Nos ayudamos recíprocamente a ser ejemplos los unos para los otros, compartimos con los otros lo que es nuestro, nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestro afecto. Y nos ayudamos mutuamente a orientarnos, a discernir nuestro puesto en sociedad.

Queridos amigos, "Yo soy la luz del mundo – vosotros sois la luz del mundo", dice el Señor. Es algo misterioso y grandioso que Jesús diga lo mismo de sí y de cada uno de nosotros, es decir, "ser luz". Si creemos que Él es el Hijo de Dios, que ha sanado los enfermos y resucitado los muertos, más aún, que Él ha resucitado del sepulcro y vive verdaderamente, entonces comprendemos que Él es la luz, la fuente de toda las luces de este mundo.

Nosotros, en cambio, una y otra vez experimentamos el fracaso de nuestros esfuerzos y el error personal a pesar de nuestra mejor intención. Por lo que se ve, el mundo en que vivimos, no obstante los progresos técnicos nunca llega en definitiva a ser mejor. Sigue habiendo guerras, terror, hambre y enfermedades, pobreza extrema y represión sin piedad. E incluso aquellos que en la historia se han creído "portadores de luz", pero sin haber sido iluminados por Cristo, única luz verdadera, no han creado ciertamente paraíso terrenal alguno, sino que, por el contrario, han instaurado dictaduras y sistemas totalitarios, en los que se ha sofocado hasta la más pequeña chispa de humanidad.

Llegados a este punto, no debemos silenciar el hecho de que el mal existe. Lo vemos en tantos lugares del mundo; pero lo vemos también, y esto nos asusta, en nuestra vida. Sí, en nuestro propio corazón existe la inclinación al mal, el egoísmo, la envidia, la agresividad. Quizás, con una cierta autodisciplina, esto puede ser de algún modo controlable. Pero es más difícil con formas de mal más bien oscuras, que pueden envolvernos como una niebla difusa, como la pereza, la lentitud en querer y hacer el bien.

En la historia, algunos finos observadores han señalado frecuentemente que el daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres. ¿Cómo puede entonces decir Cristo que los cristianos, y también aquellos cristianos débiles y frecuentemente mediocres, son la luz del mundo? Quizás lo entendiéramos si Él gritase: ¡Convertíos! ¡Sed la luz del mundo! ¡Cambiad vuestra vida, hacedla clara y resplandeciente! ¿No debemos quizás quedar sorprendidos de que el Señor no nos dirija una llamada de atención, sino que afirme que somos la luz del mundo, que somos luminosos y que brillamos en la oscuridad?

Queridos amigos, el apóstol san Pablo, se atreve a llamar "santos" en muchas de sus cartas a sus contemporáneos, los miembros de las comunidades locales. Con ello, se subraya que todo bautizado es santificado por Dios, incluso antes de poder hacer obras buenas y actos concretos. En el Bautismo, el Señor enciende por decirlo así una luz en nuestra vida, una luz que el catecismo llama la gracia santificante. Quien conserva dicha luz, quien vive en la gracia, es ciertamente santo.

Queridos amigos, tantas veces, se ha caricaturizado la imagen de los santos y se los ha presentado de modo distorsionado, como si ser santos significase estar fuera de la realidad, ingenuos y sin alegría. A menudo, se piensa que un santo sea aquel que lleva a cabo acciones ascéticas y morales de altísimo nivel y que precisamente por ello se puede venerar, pero nunca imitar en la propia vida. Qué equivocada y decepcionante es esta opinión. No existe algún santo, excepto la bienaventurada Virgen María, que no haya conocido el pecado y que nunca haya caído en él.

Queridos amigos, Cristo no se interesa tanto por las veces que vaciláis o caéis en la vida, sino por las veces que os levantáis. No exige acciones extraordinarias, quiere, en cambio, que su luz brille en vosotros. No os llama porque sois buenos y perfectos, sino porque Él es bueno y quiere haceros amigos suyos. Sí, vosotros sois la luz del mundo, porque Jesús es vuestra luz. Vosotros sois cristianos, no porque hayáis cosas especiales y extraordinarias, sino porque Él, Cristo, es vuestra vida. Sois santos porque su gracia actúa en vosotros.

Queridos amigos, esta noche, en la que estamos reunidos en oración en torno al único Señor, entrevemos la verdad de la Palabra de Cristo, según la cual no se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Esta asamblea brilla en los diversos sentidos de la palabra: en la claridad de innumerables luces, en el esplendor de tantos jóvenes que creen en Cristo. Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Sería inservible si su cera no alimentase el fuego.

Permitid que Cristo arda en vosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia. No temáis perder algo y quedaros al final, por así decirlo, con las manos vacías.

Tened la valentía de usar vuestros talentos y dones al servicio del Reino de Dios y de entregaros vosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de vosotros. Tened la osadía de ser santos brillantes, en cuyos ojos y corazones reluzca el amor de Cristo, llevando así luz al mundo. Confío que vosotros y tantos otros jóvenes aquí en Alemania sean llamas de esperanza que no queden ocultas. "Vosotros sois la luz del mundo". Amén

sábado, 24 de septiembre de 2011

Domingo 25 de Septiembre de 2.011






Primera Lectura:
Salmo Responsorial:
Segunda Lectura:

Ezequiel 18:25-28
Salmo 25:4-9
Filipenses 2:1-11 o Filipenses 2:1-5




Evangelio:

San Mateo 21, 28-32

“No quiero”

Mat 21:28 Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -"¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: "Hijo, vete hoy a trabajar en la viña".
Mat 21:29 Pero él le contestó: "No quiero". Sin embargo se arrepintió después y fue.
Mat 21:30 Se dirigió entonces al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: "Voy, señor"; pero no fue.
Mat 21:31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? -El primero -dijeron ellos. Jesús prosiguió: -En verdad os digo que los publicanos y las meretrices van a estar por delante de vosotros en el Reino de Dios.
Mat 21:32 Porque vino Juan a vosotros con un camino de justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero vosotros, ni siquiera viendo esto os arrepentisteis después para poder creerle.

Biblia EUNSA

"Palabra del Señor"

"Gloria a ti Señor Jesús"



Meditación:


“No quiero”

Sé que estás arrepentido de este “No quiero”, que reiteradamente le has ido diciendo a Dios, en tantas cosas que sabes que tienes que cambiar de tu vida, que sabes que Dios quisiera eso de ti, que te niegas a ofrecerle. ¡Lo sé!

Ven a mis brazos, deja que te lleve la Comunión y Cristo te abrace, después de una buena confesión. Dios lo perdona todo, TODO, pero debes tú, pedirle perdón, sinó te quedas sin ser perdonado, sinó te quedas sin recibir el Amor de Dios, Uno y Trino, que en Santa Unidad, la Divina Trinidad, un sólo Dios, quiere darte, a cambio de que cambies, y que en vez de decirle “No quiero”, le digas: “fiat”, que se haga en ti su voluntad, la voluntad de Dios en unidad.

Dios te quiere libre, ¡libre!

Dios quiere que libremente quieras hacer lo que te pide, y te pide que cumplas los 10 mandamientos de su Ley, de la Ley de Dios, que uses de los sacramentos, de la oración, y que con esfuerzo adoptes en ti mejores virtudes de las que ya tienes, porque la santidad se logra con esfuerzo.

Dios confía en ti.

Dios necesita de ti. Por eso te pide y espera que cumplas con lo que quiere.

No le digas nunca más: “No quiero”

Sé feliz, haciendo feliz a Dios, que es la única manera de poder sonreír de corazón, por cumplir con la voluntad de Dios.

¡Ánimo!

Dios te Ama y te quiere mejor de lo que ya eres, porque como buen Padre que es, tuyo, sabe que puedes dar más de ti. ¡Di que sí! ¡Sé feliz!

P. Jesús

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Beatas Mártires




Sor Josefa de San Juan de Dios Ruano García


Nació en la Villa de Berja (Almería) el 9 de Julio de 1854. Fue bautizada en la parroquia de la Asunción de Berja el 11 de Julio y recibió el sacramento de la Confirmación el 1 de Septiembre 1877. Ingresó en la Congregación el 8 Diciembre 1877, a los 23 años. Hizo su profesión temporal en Valencia el de marzo de 1880, y sus profesiones perpetuas 5 años más tarde.
Se desempeño como Superiora de la Casa de Cascante (Navarra), de 1916 a 1922; de la Casa de Requena (Valencia), de 1922 a 1928; de la casa de Alcira (Valencia); de 1928 a 1934; de Requena, de 1934 a 1936.

Sufrió el martirio en Buñol el 8 de septiembre 1936.



Sor Dolores de Santa Eulalila Puig Bonany



Nació en Berga (Barcelona) el 11 de Julio de 1857. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento. Su confirmación la realizó el 29 de abril, en la parroquia de Santa Eulalia de Berga.Ingreso en la Congregación: el 25 de septiembre de 1886. Vistió el Santo Hábito, en Valencia el 27 de enero de 1887 e hizo su p Profesión trienal el 27 de enero de 1889.


Sus superiorores la enviaron a la Casa de Villena en Alicante el 29 Enero 1889. Posteriormente fue trasladaa a la casa de Yecla (Murcia) en 1890. Hizo su profesión perpetua en Valencia el 9 de marzo de 1892, para luego ser enviado, tres días más tarde, a la casa de Requena en Valencia donde permaneció hasta su muerte.


Martirio en Buñol, en Valencia, en septiembre de 1936.

La Casa Pontificia eliminó la audiencia general previa al viaje de Alemania

El Papa se prepara para un intenso viaje a Alemania